‘En nuestros corazones éramos gigantes’ el libro de Eilat Negev y Yehuda Koren en el Hay Festival

En nuestros corazones éramos gigantes
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“Es una historia de ironías entre el victimario y la victima”.

No me esperaba eso, lo confieso. Un libro así, una investigación tal, un periodo que no se cierra, que parece tener vigencia aún, victimas que aparecen de los escombros, o que desde la “pequeñez biológica” son contados hoy como gigantes.  Mi estudiante de literatura de once grado, era la primera vez que asistía a un evento con escritores en vivo. Yo le preguntaba todo el tiempo cómo se sentía, tal vez para no sentirme mal yo, por haberla traído a algo “aburrido” para muchos, desde las 8: 00 de la mañana. Su rostro mostraba otra cosa, una cara de incredulidad ante lo que estaba viendo, esa sensación de ver como la clase historia tenía más caras, como la biología aparece más ligada a las conversaciones humanas que de costumbre y como la literatura le traspasaba la conciencia fuera de un salón de clases.

Ella entraba a otra versión de la segunda guerra mundial, una donde es más que una discusión para referenciar  hechos importantes de los cambios de la humanidad del siglo XIX, una donde los campos de concentración son más que un leyenda para algunos radicales y extremistas, y donde las pruebas y laboratorios de experimentación en seres humanos más que una ficción cineasta hollywoodense. ¿Quién sabe realmente cual fue el papel de la comunidad médica en la segunda guerra mundial? Todo se revelaba y se desdibujaba palabra tras palabra.

En la conversación y exposición que sostuvieron los escritores y periodistas del libro de no ficción En nuestros corazones éramos gigantes, Yehuda Koren y Eliat Negev,  con el escritor colombiano Azriel Bibliowicz, representante de la literatura de la diáspora judía en Colombia,  se mostró una vez más que los máximos dolores de una guerra siempre pertenecen a los que no tienen voz.  En este libro se relata de forma encarnada la experiencia de una familia de siete enanos (fantástico para no ser el cuento de Blanca nieves) que fueron los ratones de laboratorio o mascotas del denominado “Ángel de la muerte” o “El demonio de Auschwitz”, el doctor Mengele, un científico contratado y enlistado en el ejército Nazi, el cual sintió una fascinación inexplicable por ellos. ¿Su mayor justificación? Encontrar que los hacía tan especiales y extraños, “entender” la genética de los enanos.

Realmente para los escritores resultó bastante extraño que siendo Mengele uno de los encargados de las cámaras de gas y la exterminación de hombres y mujeres fuera del rango de “perfección” nazi,  no hayan sido los enanos, en mayor grado, el blanco principal, y  por el contrario, hayan sido sobrevivientes inexplicables, no solo al exterminio sino a las constantes pruebas de laboratorio a las que  fueron sometidos.

La conversación fue detallada, hubo desde fotografías aún conservadas de la familia entera de enanos, hasta un consejo para el pueblo colombiano en pleno periodo de búsqueda de paz. El libro es en verdad una muestra de supervivencia humana, de los múltiples rostros que deja de lado una guerra tan sanguinaria e inhumana. Son generaciones que heredan un dolor y que sólo son las victimas las capaces de darle un retorno sin rencores.

“La frontera entre perdonar y olvidar, es delgada pero difícil de cruzar, solo la victima tiene el poder y el derecho de perdonar, pero olvidar va ligado al recuerdo, atendiendo a la lección aprendida de todo un pueblo”,  Eliat Negev.

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