¿Aquí es que vive Coroncoro?

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@ivancardenas0824

Esta semana fue el lanzamiento de Déjala morir, la miniserie de Telecaribe que recrea la vida de la cantante bolivarense Emilia Herrera, quién se popularizó tras éxitos como “Coroncoro”, “Mambaco” y “Cunde Cunde”. Fue conocida en todo el litoral como La Niña Emilia, aunque con el primer capítulo de la serie se deja claro que Emilia, de niña, sólo tenía el sobrenombre. Ver el primer capítulo de la serie aquí.


Bastó con que Aída Bossa, quien protagoniza a Emilia en la serie, saliera con la expresión “está como para echarle un talambuco de suero”, para entender que esto era un producto diferente. Déjala morir es una producción cargada de identidad e idiosincrasia, que sin pretensiones y con cierta sutileza narrativa logra representar la cultura de toda una región, tanto lo bueno como lo malo, hay que aceptarlo.

Fue placentero no encontrar, hasta el momento, ningún actor imitando el acento costeño ni las típicas bromas zoofilicas. Esta es una producción discreta que no pretende recrear una parodia ni reflejar estereotipos caricaturescos del Caribe colombiano. Por fortuna, no tiene ese tinte “cachacal” ni burlón, tan común en las producciones de RCN y Caracol a la hora de narrar la cotidianidad de esta región, aunque ellos, desde su ego centralista, digan que todo lo que han hecho ha sido “un homenaje a nuestra tierra”.

Más allá de caer en el regionalismo orgulloso y mezquino, esta producción demuestra que la televisión pública sigue viva, aunque casi siempre ande agonizando y a tropezones. Me enorgullece que un canal regional, más allá de que sea Telecaribe, le demuestre al país que se pueden hacer dramatizados y contar historias distintas a las repetitivas narraciones de narcos y sicarios. Esto también nos debe servir de reflexión, es hora de mirar hacía adentro, buscar en lo propio y rescatar las historias que realmente reflejan lo que somos, y dejar de mostrarle al mundo lo que erróneamente está acostumbrado a ver, o más bien, lo que estúpidamente hemos querido que vean.

Ahora el desafío recae en nosotros, los que tenemos el poder de cambiar de canal y de demostrarle a la industria que queremos consumir otros contenidos. Hay que vencer el miedo de relegar lo privado por lo público, lo fastuoso por lo sutil. Queda demostrado que desde las regiones también se puede hacer televisión y de calidad. La Autoridad Nacional de Televisión debe entender que el país necesita que se sigan apoyando este tipo de proyectos, y claro está, que otros canales regionales se atrevan a replicar esta osadía. Es hora de gritar ¡DÉJALA MORIR!

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