El placer de robar: entrevista a un ladrón en Cartagena

Por: Yeidis Bobadilla Galvis

La siguiente es una entrevista realizada a un ladrón de un barrio popular de Cartagena. Él nos describe cómo realiza los hurtos, el sector que prefiere para hacerlo e incluso, cómo identifica a sus víctimas.

Con su mano izquierda me saludó, un cálido, fraterno y peculiar estrechón de manos. Su gran anillo de plata cubierto por piedrecillas de colores llamó mi atención, de gran tamaño, fuera de lo normal diría. Era un chico que no pasaba de inadvertido, en su cuello figuraban alrededor de 6 cadenas de plata, y en su muñeca derecha colgaban unas etiquetas de lo que parecía ser cartón. Brian, como decidió que lo llamara para esta entrevista, es un joven de un barrio popular de Cartagena que se dedica a  robar. Sí, comúnmente conocido como amigo de lo ajeno.

No se considera ladrón, ni ratero, prefiere que lo llamen “oportunista de barrio”.  Para comenzar, aunque con cierto temor, decidí entregarle mi teléfono para que recogiera mejor el audio de la entrevista, y entrara en confianza. A lo que él sin pensarlo agarra con propiedad, y sin que yo preguntara inicia su narración.

Afirma que la mayoría de ladrones están en su “chip”, pero que él está en otro distinto. Con una sonrisa en su rostro al preguntarle, ¿por qué lo hace?, responde que por placer. Le place quitarle las cosas a la gente, aunque aclara que jamás se metería con alguien de su zona. Eso es como meterse con la familia. Aunque dice conocer a más de un “ratero balurdo” que no tiene corazón para hacer las cosas, o cuando están en su “viaje” no tienen que ver con nada.

¿Cómo se escoge a la víctima?

Me inquietaba saber ¿cómo hacía para escoger a quién robar?, y emocionado me dice, “eso es lo más fácil”. Cuenta que cuando una persona tiene plata o lleva algo de valor eso se nota, no porque lo lleve, sino por cómo actúa por llevarlo. Un planteamiento muy interesante. Continúa diciendo que para hacer sus maldades prefiere hacerlo en moto, es más cómodo y hay lugares que se prestan para eso. Por ejemplo, a veces cuando está aburrido le dice a uno de sus “vales” que  lo acompañe hasta la entrada del mercado de Bazurto, donde el susto de la gente al ver un “solito o pesca´ito” -armas artesanales que emplea- o la ausencia de la policía, hacen que su oficio sea más sencillo. (Recomendado: Alarma en Cartagena por ola de inseguridad).

Por otro lado, comenzamos a hablar del popular “quieto”. Y usted lector, ¿sabe qué es un quieto?, ¿sí?, ¿no?; pues Brian sí. Es la palabra que no tiene reversa, que oficializa el robo, que paraliza el corazón de la posible víctima. Se apoyaba de sus manos para explicarme mejor, pero fue entonces cuando decidió llevarlo a otro nivel.

Se levantó, sus ojos cambiaron, me miró fijamente, con un tono amenazador, con sus manos encrucijadas como quien agarra un puñal, y me dice: “Ey mama quieto es quieto dame todo ahí y no te lo hagas pegar”. Debo admitirlo, esta vez fue mi corazón el que se paralizó, no sabía qué hacer y llegué a pensar que no volvería a ver mi celular. Fue entonces cuando en medio de risas se sentó nuevamente y me dice, “y así es como se atraca”.

¿Cómo evitar un ‘atraco’?

Luego pasamos a otra etapa, ¿cómo se evita un atraco?, o ¿cómo salir bien librada de uno?, si me lo preguntaran a mí, realmente no sabría qué decir, como están las cosas en La heroica si sales bien librado considérate leyenda. Pero, para Brian no era mayor complique. Habían varias opciones:

La primera es gritar, gritar y gritar. A lo que yo le contrarresto diciendo, si el otro sujeto está armado me puede herir. Su risa nuevamente me interrumpe, al parecer para él esto resulta muy cómico. Afirma que aunque se sienta chacho, todopoderoso, o guapo cuando lo hace, si alguien grita lo desestabiliza, ahí comienza el “algarete” y lo más probable es que las cosas no se den. La mayoría de la gente está aburrida y para “cascarlo a uno” no tienen remedo. (Recomendado: Linchan a presunto ladrón en Cartagena).

La segunda opción que él considera es, hablarle al ladrón. Decirle que te devuelva los documentos, o la que más funciona, de forma amable entregarle las cosas pero en medio de todo comunicarle que uno de tus tíos lo conoce, sabe dónde vive y terminar con la frase matadora “toma, pero esa es mala meterse con los mismos del barrio, ahorita van a buscar esto a tu casa”. Si sigues estas instrucciones de seguro saldrás bien librado, y a lo mejor hasta te pidan disculpas, dice él.

Finaliza aconsejándome que al subir busetas procure ocupar los puesto del medio, nunca tan atrás, ni tan adelante; porque precisamente esas son sus víctimas. Esta era su arma, la psicología. Se levanta y me dice, “lindura es que uno no atraca con solito, ni con punzón, ni pesca´ito, uno atraca es con la psicología, jugando vivo por el barrio”, nuevamente estrecha mi mano y se despide. Aquí aprendo que sin duda, este mundo de los atracos va mucho más allá de lo que nosotros podemos percibir desde fuera, y que “un quieto es un quieto”.

 

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