Fernando Zapata, el artista plástico que cautiva las plazas de Cartagena

Foto: http://aerosollarevista.com/

Los tambores, el vendedor de las arepas, el murmullo de la gente, las palanqueras vendiendo sus frutas y demás, es definitivamente como suena la histórica y mágica Cartagena. Desde lo lejos, mientras voy buscando a mi entrevistado, logró ver un circulo acumulado de gente, niños, adultos y jóvenes sorprendidos con lo que estaban viendo. Era él, Fernando Zapata, quién hace unos días se ofreció a mostrarme su trabajo.

En medio de los espectadores, me adentré a ese círculo donde todos apreciaban como Fernando hacia sus cuadros. Levantó por unos segundos su mirada y me saludó “Hola Jennifer, sabía que vendrías”. Seguía moviendo sus manos rápidamente, utilizando aerosoles y brochas en lo que era un papel especial, que daba vueltas mientras el perfeccionaba sus trazos.

Una joven, de contextura delgada y rubia, me acompaña grabando con su celular para registrar como Fernando pintaba su cuadro de manera muy rápida. Esta técnica conocida como, “aerosolgrafia” es un método que al igual que el grafiti, se utilizan aerosoles y por lo general se pintan paisajes.

Desde la fría capital, Fernando llega a Cartagena con el objetivo de promocionar las obras del cartagenero Antonio Quintero, pero en sus tiempos libres aprovecha esta “plaza de Arte” como él denomina a Cartagena, para mostrar un poco de su talento con los aerosoles.

El espectáculo termina, los aplausos de la gente y los rostros de sorpresa de los niños adornan el lugar, hasta que Fernando hace un anuncio con ciertas precauciones. “Ahora público, no quiero que salgan corriendo, ni que desaparezcan, por lo que les voy a decir. Voy a rifar una de las obras, la dinámica consiste en que alguien del público se acercará a esta bolsita y sacará el numero ganador y así podrán ganar y escoger una obra para que la coloquen en su casa. Esta rifa tiene un valor de 2mil pesitos y con varias oportunidades para ganar.

Fue entonces, cuando las precauciones se hicieron visibles, muchos de los espectadores arrugaron sus caras, otros dentro de sí dijeron “ah, no” y simplemente desaparecieron del lugar. Pero a los que querían una obra de Fernando por ese valor, se quedaron a la expectativa para ver qué pasaba.

Fernando se acercó a cada una de las personas dándole unos números y recibiendo el dinero, cuando se llegó a donde yo estaba, le entregué un billete de diez mil y me dijo, “tranquila, yo te doy el vuelto”. Así transcurrió la dinámica con los demás, hasta que se llegó la hora de la verdad, sí, esa ¡La del gran ganador!

“Bueno, ahora sí…necesito alguien que no esté participando” dijo Fernando, acercándose a una señora, gordita y bajita, que sonriente metió su mano en la bolsa y sacó el número. “Y el ganador es… ¡128 ¡” rápidamente se escuchó, “YO” una joven alegre que dudo mucho al escoger cual obra se llevaría a casa.

Entre turistas y cartageneros, que disfrutaban del espectáculo, se escuchaban muchas sugerencias y estábamos a la expectativa de cual se llevaría. Hasta que decidió escoger un paisaje con matices azules, negros y naranjas de atardeceres. “Muy bonito, se escuchaba a lo lejos”, esperé a que el furor  de la gente pasara mientras poco a poco las personas se  alejaron  y me concedió la deseada entrevista.

 

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