Las rutas del tintero: Un relato sonoro sobre la trayectoria del oficio popular

tintero

Por: Rodrigo Paredes

Las mañanas en Cartagena se reciben al sabor de un café caliente. Esta bebida, característica por su sabor amargo y temperatura, en Colombia, se le llama «tinto». Brian Venera, investigador,  tintero y promotor cultural del café, nos cuenta que el origen de este  seudónimo está relacionado con las características de su cosecha, un café rojizo oscuro parecido al vino tinto.

Los orígenes del café en Colombia se vinculan a la llegada a América de los sacerdotes jesuitas, en el siglo XVII. En esa época el territorio recibía el nombre de Nueva Granada. Los sacerdotes traerían la semilla para consumo propio, dada la popularidad de la bebida en Europa. Debido a las condiciones del suelo, la cosecha arrojó un café de color rojo, de un sabor fuerte y de un tex suave, siendo este de mucho agrado para sus consumidores.

Existen narrativas que vinculan al sacerdote Francisco Romero en Salazar de las Palmas, Santander, con la popularización del sembrado del café. Se cuenta que cuando a este se le hacían confesiones, como penitencia les pedía a los pecadores sembrar café para redimir sus culpas, las cuales eran eximidas con la primera cosecha. Así, hacia los años 1850, se extendían las siembras de café en los departamentos de Cundinamarca, Antioquía y Caldas.

En el siglo XIX ya se había potenciado la producción de café de 60.000 a 600.000 sacos anuales, producidos regularmente por hacendados en su mayoría. Hacia finales de siglo ya era el principal producto de exportación del país con gran variedad de sabores.

La transición hacia el siglo XX trajo consigo la caída de los precios internacionales, por consiguiente se desató una crisis para los hacendados cambiando el panorama, permitiendo el ascenso de pequeños y medianos productores. Sobre 1927 nace la Federación Nacional de Cafeteros como organismo de agremiación, escenario clave para la organización de la industria.

EL ORIGEN DEL TINTERO

Siendo Colombia un país rural, el café es una bebida indispensable en el consumo básico y cotidiano de los colombianos, lo que es ya tradicional. De esta manera empezó a ser común que personas salieran a vender café en las calles, siendo los termos y pocillos de cerámica los elementos básicos característicos para servir la bebida. El café de preparación era colado y, al acabarse el termo, los tinteros debían retornar a su lugar de abastecimiento, que solían ser sus propias casas. Esto los obligaba a tener rutas cortas cerca al hogar de origen.

En los años 70 y 80, los actores bélicos del conflicto armado desalojaron pueblos enteros al sur de Bolívar, Córdoba, Sucre y corregimientos de departamentos aledaños, desplazando a víctimas de diversas etnias, oficios y orígenes. Entre esas olas migratorias se encuentra la de los jóvenes indígenas zenúes, que llegaron a Cartagena sin contar con refugio, alojamiento, alimentación o vinculación laboral temprana; es cuando se les presentaba como oportunidad vender tinto.

Cuentan en esa época que en barrios como San Fernando, Amberes, Los Caracoles, entre otros, había personas que convertían sus casas en sitio de alojamiento para migrantes. Los dotaban de alojamiento, lavado de ropa, alimentación y una quincena a cambio de salir a vender tinto en las calles.

EL NEGOCIO DEL TINTERO

Ya habiendo un gran número de tinteros en la ciudad, abastecerse en las calles era una necesidad básica para el progreso del negocio y su expansión. Cómo estrategia se satisfacción de esta necesidad se crearon los Puntos del Tintero. Clara Pineda, propietaria de una franquicia en el barrio Los Caracoles, resalta que un familiar lejano se ideó este modelo de negocio al observar el crecimiento del oficio tintero en las calles. Esta persona se dedicó a expandir los Puntos por toda la ciudad, siendo parte responsable del crecimiento, rentabilidad y popularidad de la práctica.

TINTEROS EN PANDEMIA

La pandemia de COVID-19 trajo consigo una emergencia de salubridad que afectó a toda la nación, obligando a los gobernantes a mandatar frente a la dicotomía: salud pública vs economía nacional. Entre las medidas de restricción de los protocolos de bioseguridad está el aislamiento y, por ende, la regulación de ventas ambulantes. Muchos son los tinteros hoy afectados por las restricciones poniendo en riesgo su economía familiar que, de por sí, es de pobreza. Un tintero en cuarentena es un desempleado más en emergencia social.

TINTEROS VENEZOLANOS

Con el aumento de emigrantes venezolanos a Colombia en la última década, Cartagena de Indias ha sido una ciudad receptora dadas sus dinámicas de expansión territorial y su estatus de ciudad turística. Esto la convierte en tierra de bonanza para el trabajo de venta ambulante. Muchos migrantes han optado tomar el oficio de tintero por la alta demanda del café en las calles. Fabián Noriega, colombovenezolano, y Yosman Noriega Duncan, venezolano, padre e hijo, conforman una familia de tinteros que ha logrado adaptarse a la ciudad gracias a este oficio. Cuentan que pese a las dificultades que genera la pandemia y el aislamiento, han logrado encontrar un punto de tráfico constante que les garantizan un volumen de venta suficiente para solventar sus gastos mensuales y hacer aportes al resto su familia en Venezuela.

Pese al confinamiento, la emergencia social obliga a un gran volumen de migrantes a salir a las calles. Muchos han optado por ser tinteros en épocas póstumas al inicio de la pandemia, con la única opción de salir en búsqueda de la sobrevivencia.

La evolución del tintero se ha construido a base de aportes de migrantes y locales, quienes han desarrollado su equipamiento, diversificado sus productos de ventas y creado sus protocolos de atención al cliente para adquirir comodidad y efectividad en el desarrollo del oficio. El tintero va en carrito, con canasta. Él vende cigarrillos, galletas, papitas, aromáticas, mentas. El tintero con música amplificada, el tintero que se asienta, el tintero que deambula, el tintero que no puede esperar recibir: él sale a buscar.

TINTERO PATRIMONIO DE LA CULTURA CAFETERA

Pese a que un tintero generalmente está expuesto a condiciones de trabajo incómodas y a peligros, ha sido la única alternativa que han encontrado muchos migrantes. Siendo víctimas del conflicto armado, o personas en situación de pobreza, sobreviven ante la adversidad que representa la adaptación laboral a una ciudad desconocida.

En la actualidad es más común que un colombiano tome café en la calle que en cafeterías. Esta costumbre prevalece y se fortalece gracias al oficio del tintero, ya que al tener una circulación en rutas específicas logran acercarse a muchos clientes en el camino. El acceso y, por ende, la democratización del café para consumo se da en gran medida gracias al tintero.

Su trascendencia es tanta que, en vista de la trayectoria del oficio y su popularidad, hoy se ha convertido en un actor fundamental para la democratización del consumo del tinto colombiano en las calles.

LAS RUTAS DEL TINTERO

Este relato se compila a través del podcast «Las Rutas del Tintero», realizado por Relato Migrante en el marco del proyecto Puentes de Comunicación. Este último es impulsado por Efecto Cocuyo y DW Akademie, y cuenta con el apoyo financiero del Ministerio Federal de Asuntos Exteriores de Alemania.

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