¿Pa qué carajo sirve la filosofía?

 Lucho BuelvasSe armó el fosforrio con las recientes declaraciones del alcalde de Cartagena, “Manolo” Duque, en las cuales afirmaba que la filosofía no tiene ninguna utilidad para los jóvenes de escasos recursos.


Esto no es nada nuevo y, de hecho, para el ciudadano común y corriente Manolo tiene la razón: ¿de qué sirve saber lo que dijo el viejo barbón de Marx o el bigotudo de Nietzsche? Lo preocupante del caso es quién lo dice: no sólo el alcalde de una de las ciudades más importantes del país, sino un profesional de las ciencias sociales: Manolo es comunicador social de la Universidad Externado.

Desafortunadamente para muchos, el hecho de que que una afirmación se repita hasta la saciedad no quiere decir que sea cierta. La verdad no es cuestión de cantidades. La filosofía, más allá de su significado etimológico de amor a la sabiduría, es un saber necesario para la humanidad debido a su preocupación por las condiciones individuales y sociales del ser humano.

La filosofía abarca todas las ciencias sin ser una de ellas: en la economía, en la biología, en la medicina, en el derecho y demás, se erige el espíritu de la filosofía como herramienta indispensable para la fundamentación del conocimiento y su ligazón con la reflexión ética, la responsabilidad sociopolítica y la construcción de argumentos válidos.

Pero este desprecio a la filosofía es más que un desliz de un inexperto alcalde, es una idea presente en las mentes de quienes nos han gobernado históricamente y que hoy se materializa en la posición asumida por Colciencias de privilegiar las ciencias naturales y físicas por encima de las humanas, lo que originó la creación de la Asociación de Facultades de Humanidades y Sociales, como organismo académico en defensa de estos saberes.

¿Pa’ qué carajo sirve la filosofía? Su utilidad puede verse en ejemplos históricos y cotidianos: el ascenso del capitalismo como superación del feudalismo, la independencia ante España, el desarrollo científico y tecnológico, la concepción de la democracia más allá del voto, la defensa de la cultura nacional, la importancia de la ética en las decisiones políticas, etc., guardan un amplio trasfondo filosófico.

Privar a los jóvenes de escasos recursos y a la sociedad en general de la filosofía es privarlos de la insistencia en la capacidad de pensar por sí mismos, de dudar, de reflexionar y de desconfiar de supuestas verdades o autoridades, para favorecer un estado de cosas que obstaculiza el desarrollo de las libertades del individuo y que concibe todos los aspectos de la esfera humana como dignos de oferta y demanda.

Sin filosofía, quizás aún pensarámos que la electricidad era del diablo.

Sin filosofía, quizá los reyes seguirían diciendo que son la expresión del poder de Dios en la tierra.

Sin filosofía, quizá creamos que en nuestro país reina la democracia porque se puede votar cada cuatro años.

La filosofía va más allá de lo establecido.

Filosofemos. Es gratis.

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